Mujeres Libres, más que feminismo.

Durante los primeros años del pasado siglo, anarquistas españoles, hombres y mujeres, estructuraron una visión no jerarquizada, comunitaria de una sociedad en la cual mujeres y hombres podrían participar de manera igualitaria. Incluso, antes de comenzar la Guerra Civil española, la mayoría de las mujeres estaban más bien lejos de soñar con emprender en igualdad  la lucha por alcanzar los citados ideales. Sin embargo, el organizado movimiento anarco-sindicalista (CNT) se concentró primordialmente en la lucha dentro del campo laboral, mientras la mayoría de las mujeres no eran asalariadas con acceso al sindicato, pues su campo de acción se fundamentaba en la industria. Muchas de las que estaban ejerciendo un trabajo pagado, la mayoría en la industria textil, trabajaban en casa, con un salario según producción y no estaban sindicadas. Las que trabajaban y tenían familias continuaron ejerciendo su doble trabajo como esposas y madres. Las características formas en que la opresión femenina se manifestaba en España, mantuvieron a la mujer eficazmente subordinada al hombre, manifestándose  incluso en el ámbito del movimiento revolucionario anarquista.

Revista editada por Mujeres Libres

En este contexto, cierto número de mujeres anarquistas infirieron que si las mujeres deseaban tomar parte activa en la lucha social revolucionaria, precisarían de una determinada preparación, basada en dispensar una atención enfatizada a la subordinación y  experiencia vital particular de cada individuo. En mayo de 1936, un grupo de mujeres anarquistas fundaron Mujeres Libres, la primera organización de índole feminista, autónoma y proletaria en España, centrada en derrotar la triple esclavitud femenina: la ignorancia, el capital y el hombre. Aunque algunas de sus fundadoras eran mujeres profesionales, formadas académicamente, la mayoría de sus miembros, aproximadamente unas 20.000 en julio de  1936, eran mujeres de clase obrera. Mujeres Libres y sus seguidoras, se pusieron como fin superar las barreras de  la ignorancia e inexperiencia, que dificultaban muy mucho la participación femenina como iguales en la lucha por una sociedad mejor, así como sesgar el dominio masculino dentro del propio movimiento anarquista.

 

 

CONTEXTO

Casi la absoluta totalidad de  los anarquistas objetaron la separación de la lucha y se manifestaron abiertamente en contra a la creación de un nuevo órgano para  las mujeres apelando al compromiso de la acción directa y la igualdad. Mujeres Libres defendía la emancipación en base a una diferente interpretación de un compromiso común. Las dificultades con las que se encontraron dentro del movimiento anarquista ponen de relieve tanto  el problemático papel de la mujer en los movimientos revolucionarios como la complejidad de tener en cuenta las experiencias de la mujer en el proceso de estructurar  y  construir  una nueva sociedad.

Los anarquistas estaban comprometidos a la igualdad. Igualdad significa que las experiencias de un grupo no se pueden tomar como norma para todos y, por ende, en una sociedad completamente igualitaria no hay lugar para  instituciones a través de las cuales algunos individuos ejerzan poder social, económico o político sobre otros. Semejante sociedad anarquista, logra la coordinación entre sus individuos a través de lo que se llama “orden espontáneo”: la gente se une voluntariamente para conseguir necesidades definidas mutuamente  y coordinar actividades a larga escala a través de la federación.

Mujeres Libres argumentó que a personas en cuyas circunstancias vitales se les denegaba el control y se mantenían subordinadas, no podrían fácilmente transformarse en individuos dotados de  confianza en sí mismos e  iniciativa propia, características muy relevantes en una revolución social. En el proceso de transformación personal se necesitaba una “preparación”, que no sería jerárquica y únicamente podía producirse a través de la experiencia del individuo en nuevas y diferentes formas de organización social. El movimiento anarquista español intentó proporcionar estas experiencias mediante la participación directa en actividades y huelgas e impartiendo conocimiento educativo en lugares más informales, como el caso de los Ateneos. Así la gente podría prepararse para mayores transformaciones revolucionarias. Para que fuera efectivo, sin embargo, tal preparación debería modularse acorde a las diferentes experiencias vitales de aquellos cuyas necesidades intentaba solventar.

En la España de la Guerra Civil, la mujer constituía un grupo especial, con sus propias necesidades particulares. Su subordinación, tanto económica como cultural era mucho más grave que la padecida por los hombres. Las tasas de analfabetismo eran significativamente superiores entre ellas. Mujeres y hombres vivían casi completamente separados, se puede decir incluso, que  había una sociedad distinta para cada género, los hombres llegaban incluso  a avergonzarse si otro les veía en compañía de una mujer.

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A pesar de ello, el movimiento anarquista en general fue reticente a  reconocer tanto lo específico de la opresión femenina como la legitimidad de una lucha separada para superarlo. Sólo Mujeres Libres articuló activamente un discurso que reconocía y abordaba la particularidad de la experiencia vital femenina.

Aunque comprometidos a la creación de  una sociedad igualitaria, los anarquistas españoles tomaron una controvertida postura hacia el asunto de la subordinación femenina. Algunos defendían que dicho  sometimiento tenía su origen en la división del trabajo según el sexo, en la “domesticación” de la mujer y la consecuente exclusión del ámbito laboral asalariado. Para superarlo, las mujeres deberían unirse al mundo laboral como trabajadoras, junto con los hombres, y luchar en los sindicatos para mejorar la posición de todos los trabajadores. Otros subrayaron que la subordinación era producto de un amplio fenómeno cultural  y reflejaba la subestimación femenina  y  de sus actividades a través de instituciones tales como la familia y la iglesia. Esa infravaloración debería ser superada, junto con las citadas instituciones, con el establecimiento de una sociedad anarquista.

Pero el sometimiento de la mujer fue como mucho una preocupación secundaria del movimiento anarquista en su totalidad. Mayormente, los anarquistas, se negaban a reconocer la singularidad de la subordinación femenina, y pocos hombres estaban dispuestos a ceder el poder sobre las mujeres del que disfrutaban desde hacia tanto tiempo. Como el secretario nacional de la CNT escribió en 1935, en respuesta a una serie de artículos que trataban sobre la cuestión femenina: “Sabemos que es más placentero dar órdenes que obedecer… Entre la mujer y el hombre se da el mismo caso. El hombre se siente más satisfecho teniendo un sirviente que le haga la comida, lave sus ropas… Esa es la realidad  y, enfrentarse a eso, pedirle al hombre que ceda sus privilegios, es soñar.”

Federica Montseny

Federica Montseny

 

Algunos, posiblemente representando a  la mayoría dentro del movimiento, negaban que la mujer estuviera oprimida en una manera que precisara una atención particular. Federica Montseny, por ejemplo, declaró que “la emancipación de la mujer era un problema específico del tiempo actual”. Hizo hincapié en que el objetivo más realista y acertado no era el acceso de la mujer a puestos actualmente ocupados por hombre, si no la reestructuración de la sociedad que liberase a todos.

 

En resumidas cuentas, a pesar de que algunos grupos dentro del movimiento anarquista reconocían la particular opresión femenina y el sexismo procedente de los hombres dentro del mismo movimiento, las organizaciones anarquistas de mayor peso en la sociedad, prestaron poco interés a los asuntos que preocupaban a la mujer y rechazaban la legitimidad de organizaciones separadas para abordar los citados asuntos. Aquellas mujeres conocedoras de la singularidad de la opresión femenina y  la necesidad de una lucha independiente para superarla, crearon una organización para ellas mismas: Mujeres Libres.

 

OBJETIVOS MUJERES LIBRES

La organización esgrimía la existencia de 3 factores de subordinación femenina:

  • Ignorancia  (analfabetismo)
  • Explotación económica
  • Subordinación al hombre

 

A pesar de que los programas oficiales emitidos por Mujeres Libres no plantearon preferencias entre estos tres factores, la mayoría de las actividades de la organización se concentraron en la ignorancia y explotación económica. En un revelador resumen de sus artículos sobre “la cuestión femenina” en Solidaridad Obrera en 1935, Lucia Sánchez Saornil, una de las fundadoras de Mujeres Libres, explicaba ” Casi seguramente, creo que la única solución a los problemas sexuales de la mujer se encuentra en encontrar una solución al problema económico”

El programa de Mujeres Libres depositaba casi todo su esfuerzo en su atención a la “ignorancia” pues creían que afectaba a la subordinación femenina en cada esfera de la vida. Dispusieron una ambiciosa campaña de alfabetización para asentar las bases necesarias para culturizar a la mujer. La alfabetización posibilitaría que las mujeres entendieran mejor la sociedad y su lugar en ésta y luchar para mejorarla. Establecieron 3 niveles: uno para analfabetas, otro para las que se defendían con la lectura y un último para las que eran capaces de leer pero  “deseaban sumergirse en asuntos un poco más complejos”  No equiparaban el analfabetismo a carencia de entendimiento de la realidad social; más bien, sostenían que la vergüenza sobre su pasado cultural e retenía a muchas de adquirir un compromiso en la lucha activa para la revolución. La alfabetización se convirtió en una herramienta de crecimiento y desarrollo para superar la falta de autoestima y confianza en ellas mismas, así como para facilitar una plena participación en sociedad.

Sede Mujeres Libres en Sants

Sede Mujeres Libres en Sants

Para aniquilar las raíces de la subordinación en la dependencia económica, Mujeres Libres desarrolló un exhaustivo plan de empleo concentrándose en la educación. Las organizadoras esgrimían que la dependencia femenina era el resultado de una radical división sexual del trabajo que las relegaba a los puestos peor pagados, en las más precarias condiciones. Acogieron con brazos abiertos el movimiento nacido con la guerra que instaba a la mujer a salir de casa y unirse a la fuerza laboral asalariada, demostraron su esperanza de que la incorporación de la mujer al trabajo pagado resultara permanente y contribuyera a la independencia económica de las españolas.

 

Mediante su programa laboral, abordaron los problemas específicos a los que se enfrentaban las obreras e intentaron prepararlas para que ocuparan su lugar como iguales en la producción. Junto con los sindicatos de la CNT, patrocinaron y organizaron apoyo, instrucción y programas de aprendizaje para las que iban a comenzar a trabajar a cambio de un sueldo. Cabe añadir, que defendieron, establecieron y apoyaron servicios de guardería, tanto en vecindades como en fábricas, para permitir a las mujeres ir a trabajar. Y pelearon por la igualdad de sueldos entre hombres y mujeres.

No obstante depositaron poca atención a la división sexual en el trabajo en sí misma. Tampoco exploraron las consecuencias de igualdad sexual nacidas de la definición de algunos trabajos como trabajos típicamente femeninos o trabajos típicamente masculinos. Estudios feministas más recientes han examinado la relación entre monogamia, parto y crianza con la participación laboral y han señalado la implicación de estas relaciones directamente con la subordinación femenina. Ni Mujeres Libres, ni ninguna otra organización feminista o anarquista en la España de entonces, llegó a cuestionarse siquiera que  la crianza y faenas domésticas seguirían recayendo en la mujer, se trataba de una particularidad inherente al sexo femenino que era mayormente aceptada.

De hecho, la actitud de la subordinación cultural femenina en una sociedad patriarcal tomada por Mujeres Libres, se llegó a caracterizar por su ambivalencia. Algunas dentro de la organización alegaron que la moralidad burguesa trataba a la mujer como una propiedad. Amparo Poch y Gascón, que fue una de las fundadoras de Mujeres Libres, criticó tanto la monogamia como la premisa de que los matrimonios podían ser “contratos para siempre” Defendió que ni el matrimonio ni la familia deberían negar la posibilidad de “cultivar fuera de estos…otros amores” declaración que sería interpretada capciosamente en lo sucesivo. Su rechazo al matrimonio y la monogamia no fue muy bien acogida por la mayoría de sus compañeras, aun así la organización denunció los modos extremos de dominación masculina en la familia. Por ejemplo, Lucia Sánchez Saornil, no secundaba la definición social de la mujer como mera madre y defendía que la definición social maternal contribuyó  a que la subordinación de la mujer continuara “El concepto de madre es tan absorbente que la función esta aniquilando al individuo” De hecho, dentro de su programa, el aborto a demanda y el control de la natalidad ocuparon un lugar muy destacado, constituyendo una base en pro de la liberación femenina.

Lucía Sánchez Saornil

Lucía Sánchez Saornil

Otras manifestaciones de subordinación “cultural” generaron menos debate entre Mujeres Libres, tal es el caso de la prostitución, que mostraba muy claramente la relación entre economía y subordinación sexual. Fomentaba la degradación tanto de las mujeres que la ejercían así como de la sexualidad en términos generales. Idealmente, el sexo no sebe ser visto como un artículo de mercancía; lo mismo mujeres que hombres deberían ser capaces de disfrutar su sexualidad completa y libremente.

Este análisis fue el germen de una de sus mas revolucionarias ideas: un plan (en realidad nunca ejecutado a causa de las restricciones de la guerra) para crear “liberatorios de prostitución” centros en los que, ex­­­-prostitutas encontraran apoyo mientras se “retiraban” en pos de una vida mejor. Su esperanza de que la revolución social cambiaría radicalmente el concepto de trabajo pagado (incluyendo el realizado en fábricas) subrayaba la máxima de que el trabajo “productivo” era de hecho menos denigrante que el mercadeo sexual. La organización expidió llamamientos para que los hombres no frecuentaran prostitutas e hicieron énfasis en que, de continuar perpetuaría los mismos patrones de explotación a los que supuestamente se habían comprometido en combatir.

La sanidad fue otro de los asuntos en los que concentraron sus fuerzas. Instruyeron enfermeras para que trabajaran en hospitales y sustituyeran a las monjas, que previamente mantuvieron el monopolio en enfermería. Se lanzaron ambiciosos planes de higiene y educación en maternidades de hospitales, especialmente en Barcelona y se propusieron derrotar el desconocimiento femenino de su propia sexualidad, ignorancia que era percibida como otra fuente de subordinación sexual. Amparo Poch y Gascón, denunció que el desconocimiento sobre las funciones corporales y la contracepción  eran un impedimento más en la consecución del placer sexual femenino. Acompañó su alegato demandando mayor tolerancia en esta área ya que la represión sexual de la mujer consistía  en sí mismo otro medio de dominación de los hombres.

Amparo Poch i Gascón

Amparo Poch i Gascón

Los planes educativos para superar la subordinación cultural se extendían tanto a la infancia como a la mujer adulta. Mujeres Libres financió cursos de crianza para madres para exhortarlas a preparar a sus hijos a la vida en la futura sociedad libertaria. Desarrollaron nuevas formas de educación para niños, diseñadas para desafiar los valores burgueses y patriarcales y capacitarles para que desarrollaran un espíritu crítico propio. Finalmente, contribuyeron al desarrollo de una nueva clase de profesores y currículo, así como nuevas, no jerarquizadas estructuras para la enseñanza y aprendizaje.

Mujeres Libres no sólo intentó ganar poder para la mujer, si no que también supuso un desafío  constante para los  anarquistas. Su existencia les recordaba la necesidad de superar la dominancia masculina dentro del movimiento. La mayoría de las actividades de Mujeres Libres estaban dirigidas principalmente a ellas. Pero se enfrentaron individualmente al hombre anarquista y al movimiento anarquista organizado en múltiples ocasiones. MujeresLibres trató de espolear a hombres y mujeres a reconocer la legitimidad así como la importancia de asuntos especialmente concernientes a  las mujeres. La sola existencia de la organización es una muestra del potencial del poder autónomo de la mujer. El grado de oposición emergente dentro del movimiento anarquista sugiere que al menos algunos miembros de la CNT se tomaron ese poder potencial muy seriamente. El programa y experiencia de Mujeres Libres apoya la afirmación de que la lógica y práctica de la acción directa puede necesitar una “agrupación separada de fuerzas” Como hemos visto, las mujeres de Mujeres Libres se autodefinió no como un grupo de mujeres que luchaban contra el hombre, si no como una organización que podía dividirse en muchos grupos potenciales participando en una vasta coalición por el cambio social. El número 1 de la revista MujeresLibres manifestaba su abierto rechazo al feminismo contemporáneo, al calificarlo de un movimiento burgués cuyos objetivos se limitaban a ganar el sufragio femenino. “Esto es ya más que feminismo. Feminismo y masculinismo son dos términos de una sola proporción; (…) la expresión exacta: humanismo integral” Añadiendo “El feminismo lo mató la guerra dando a la mujer más de lo que pedía al arrojarla brutalmente a una forzada sustitución masculina. Feminismo que buscaba su expresión fuera de lo femenino, tratando de asimilarse virtudes y valores extraños no nos interesa; es otro feminismo, más sustantivo, de dentro a afuera, expresión de un modo, de una naturaleza, de un complejo diverso frente al complejo y la expresión y la naturaleza masculinos”.

La revolución requiere para su desarrollo la alianza de hombres y mujeres, debe tratarse de una coalición igualitaria; de lo contrario no hay garantía de que la propia revolución sea equitativa.  Como han declarado recientes movimientos feministas, hay que identificar y diferenciar los contextos en los que se desarrolla la actividad de la organización revolucionaria, tales como la clase social, procedencia étnica y identidad cultural. No se puede actuar por otros sin tener en cuenta estos factores de peso dentro del activismo revolucionario. Mujeres Libres persiguió infatigablemente que la unidad fuera  posible.  Según su interpretación de la tradición anarquista, depositaron especial interés  en que la estrategia para alcanzar la citada unidad requiere reconocer la diversidad.

 

feministas 1978

La creación de Mujeres Libres únicamente se puede comprender desde el anarquismo, sólo en el seno de esta corriente ideológica, liberada de jerarquía podría darse el caldo de cultivo para una revolución feminista que promovió las bases del feminismo de segunda generación en los años 70. Tan revolucionario y vanguardista, este germen del anarco-feminismo esta indefectiblemente ligado a la corriente feminista surgido a finales de la segunda mitad del pasado siglo. No obstante, una de principales características divergentes la encontramos es el academicismo imperativo en el feminismo de segunda generación. Este academicismo se traduce en un obstáculo a superar por la mujer de clase obrera, que al carecer de recursos y formación superior, no hallar la inclusión del individuo acorde a sus circunstancias, tal y como promulga el anarquismo, se ve de desplazada y postergada de la causa feminista, surgiendo así la ruptura entre ambas corrientes que tienden a ser complementarias para alcanzar un fin común.

 

 

 

 

Referencias

 

  • Mujeres Libres: El anarquismo y la lucha por la emancipación de las mujeres. VIRUS editorial. Barcelona, 2006 (tercera edición). ISBN 84-88455-66-6. ISBN 978-84-88455-66-6
  • Mujeres Libres: España 1936-1939. Selección y prólogo de Mary Nash. Tusquets. Barcelona, 1976. ISBN 84-7223-704-4
  • Liaño Gil, Conchita. Mujeres Libres. Luchadoras libertarias. Fundación Anselmo Lorenzo. ISBN 84-86864-33-X

 

 

Que mi nombre no se borre de la historia

La historia de las Trece Rosas ha trascendido al tiempo y silencio impuesto por la dictadura, se han convertido en un icono de la lucha por la democracia y la igualdad social, ampliamente difundido tanto en círculos feministas como entre aquellos política y socialmente posicionados a la izquierda.

Trece españolas, de las cuales 7 eran menores de edad, fueron fusiladas el 5 de agosto de 1939 en la tapia del Cementerio del Este, Madrid, donde se estima que unas 4.000 personas fueron fusiladas entre los años 1939 y 1945, acusadas de colaborar en la rebelión republicana y por matar a un alto cargo policial.

 

Julia Conesa Conesa, 19 años

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Despedida de Julia Conesa a su familia

“Madre, hermanos, con todo el cariño y entusiasmo os pido que no me lloréis nadie. Salgo sin llorar. Cuidar a mi madre. Me matan inocente, pero muero como debe morir una inocente.

Madre, madrecita, me voy a reunir con mi hermana y papá al otro mundo, pero ten presente que muero por persona honrada.

Adiós, madre querida, adiós para siempre.

Tu hija, que ya jamás te podrá besar ni abrazar.

Besos para todos, que ni tú ni mis compañeras lloréis.

Que mi nombre no se borre en la historia.”

 

Modista de 19 años, nacida en Oviedo y militante de la JSU durante los años 1936 y 1937. Dada su afición al deporte, fue Secretaria Deportiva en el Sector Oeste de la JSU. Acusada de reparto de pasquines en Madrid bajo el lema de “Menos viva Franco y más pan blanco” Ingresó en la cárcel de Ventas en mayo de 1939 de donde, ya no saldria con vida a pesar de la solicitud de indulto presentada por su madre, junto con las progenitoras de Adelina Garcia y Julia Vellisca. La solicitud nunca llegó a tramitarse por la directora de Ventas, Carmen Castro.

 

Virtudes Gonzalez García, 18 años

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Modista de 19 años, afiliada a la JSU desde agosto de 1936, llegando a ser miembro de la Comisión de Organización del Comité Provincial en Madrid. Fue encarcelada en Ventas el 17 de mayo de 1939 y, a pesar de ser menor de edad, no fue destinada al area de menores. Su compañero, Valentín Ollero, miembro que dirigió el sector Oeste de la JSU madrileña, junto a José Pena Brea como secretario general, siendo los tres ejecutados en el mismo proceso el fatídico 5 de agosto de 1939.

 

 

Ana López Gallego, 21 años

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Modista de 21 años, procedente de La Carolina, Jaén. Afiliada a la JSU, desempeño labor como secretaria femenina del Radio de Chamartín de la Rosa, Madrid, durante la guerra. Fue amiga de Martina Barroso y juntas se unieron al grupo de la JSU en Chamartín de la Rosa. Fue detenida y encarcelada en Ventas el 6 de junio de 1939, acusada de intentar reconstruir la JSU.

 

 

 

Dionisia Manzanero Salas, 20 años

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Comunista nacida y criada en Madrid, hija de un militante de UGT,  vivía en el barrio de Cuatro Caminos junto con sus seis hermanos. Se unió a la retaguardia durante la guerra, ayudando a familias necesitadas, o como enfermera en el hospital de las Brigadas Internacionales o incluso disparando en el frente con el Batallón Octubre. En abril de 1938 se unió al PCE, después de que su hermana Pepita perdiera la vida por un obús enemigo cuando jugaba en un descampado con otros niños. Colaboró como mecanógrafa del PCE, en el sector de Chamartín de la Rosa. Su hermana María recordaría con dolor cómo, cuando llegaron a Ventas el día 5, reuniendo firmas para solicitar un aplazamiento de sentencia, les comunicaron que ya las habían fusilado. Marcharon al cementerio y allí, encontraron la horrorosa escena de los cuerpos de las chicas en cajas de pino.

 

Luisa Rodríguez de la Fuente, 18 años

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Modista nacida y vecina de Chamartín de la Rosa, se unió a la JSU al poco de estallar la guerra, ayudando en la retaguardia. Se unió a la nuevamente organizada JSU de Chamartín junto con su amiga Antonia Torres. Fue delatada por un policía, Manuel Fernández, que sabía de su militancia durante la guerra, e ingresó en Ventas en mayo de 1939, acusada de sabotaje e intentos de complot. Su hemano Juan, falleció pocos días antes tras ser sometido a torturas en comisaría.

 

 

 

Martina Barroso García, 24 años

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Modista nacida en Gilbuena, Ávila, y residente en Chamartín de la Rosa. Miembro de la JSU desde marzo de 1937, colaboraría como costurera en un taller de la organización, asi como prestando su tiempo en un comedor social hasta que terminó la guerra. Es prisionera de Ventas desde el 6 de junio de 1939, acusada de actos de sabotaje e intentos de complot

 

 

 

 

Blanca Brisac Vázquez, 29 años

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Carta a Enrique

En estos últimos momentos tu madre piensa en ti. Sólo pienso en mi niñito de mi corazón que es un hombre, un hombrecito, y sabrá ser todo lo digno que fueron sus padres. Perdóname, hijo mío, si alguna vez he obrado mal contigo. Olvídalo hijo, no me recuerdes así, y ya sabes que bien pesarosa estoy.

Voy a morir con la cabeza alta. Sólo por ser buena: tú mejor que nadie lo sabes, Quique mío.

Sólo te pido que seas muy bueno, muy bueno siempre. Que quieras a todos y que no guardes nunca rencor a los que dieron muerte a tus padres, eso nunca. Las personas buenas no guardan rencor y tú tienes que ser un hombre bueno, trabajador.

Nacida en San Sebastián y vecina de Madrid, afiliada al PCE. Era hija de un acaudalado empresario francés estaba casada con Enrique García Mazas “Aguado” miembro del sector Sur de la JSU y músico. Estuvo trabajando como pianista, aunque al poco de casarse, se emplearía como costurera autónoma. A los 29 años fue encerrada en Ventas acusada, junto a su marido, de intentar reorganiza la JSU. Eran padres de un niño, Enrique, al que dejó una carta de la que reproduzco un extracto más arriba.

 

Carmen Barrero Aguado, 24 años

carmen barrero aguado

 

Modista de 24 años, nacida y criada en Madrid. Miembro del PCE desde el año 1936. En Valencia trabajó en talleres de intendencia durante la Guerra Civil. Tras la detención y muerte de Matilde Landa y, antes de la llegada de Enrique Sánchez García, fue miembro de la dirección del PCE en Madrid. Se le asignó la tarea de trazar un plan de trabajo político dirigido a la mujer,  continuando con la labor feminista de Matilde Landa. El 17 de mayo de 1939  ingresó en Ventas, acusada de reconstruir la JSU.

 

 

Pilar Bueno Ibáñez, 27 años

Vecina de Madrid y procedente de Sos del Rey Católico, Zaragoza. Era una modista de 26 que cosía en un prestigioso taller a cambio de un mísero jornal, viéndose obligada a hacer horas extras para poder afrontar todos los gastos mensuales. Trabajó como voluntaria en  las casas-cuna que se abrieron el Madrid para acoger a huérfanos e hijos de milicianos, al poco de comenzar la guerra. Se unió al PCE en noviembre de 1936. También se hizo cargo de la contabilidad del Radio Norte, donde llegó a ser secretaria. Fue hecha prisionera el 15 de mayo de 1939, junto a Federico Bascuñana, director del sector Norte.

Adelina García Casillas 19 años

Militante de la JSU desde principios de 1937, era una modista de 19 años, procedente de Hoyocasero, Ávila. Ingresó en Ventas el 18 de mayo de 1939, acusada de actos de sabotaje e intentos de complot. En Ventas era la encargada de repartir el correo entre las presas.

Elena Gil Olaya, 20 años

Nacida en Madrid y miembro de la JSU desde 1937. A su vuelta de Murcia, al final de la guerra, se unió a la  reconstrucción JSU de Chamartín de la Rosa. El 3 de junio de 1939 ingresó en la cárcel de Ventas.

Joaquina López Laffite  23 años

 Estudiante e hija de un comandante del Ejército, era la pequeña de cuatro hermanos, huérfanos de padre y madre desde 1931 vecina de Madrid. Afiliada a la JSU desde septiembre de 1936, fue secretaria de cultural del Sector Este. En marzo de 1939 ocuparía el puesto de responsable de Agitación y Propaganda. Con la finalidad de obtener liquidez económica, planearon llevarse la recaudación de varios cines o de la estación de Cuatro Caminos. Fue detenida en abril de 1939, con sus tres hermanos, su amiga Concepción Pérez, que estaba de visita y su cuñada. Sus hermanas Lola y María serían condenadas a 20 y 6 años de prisión respectivamente.

Victoria Muñoz García, 19 años

Afilidada a la JSU desde 1936, era la hermana de Gregorio Muñoz, responsable militar de sector. Al finalizar la guerra se unió al grupo dirigido por Sergio Ortiz en el sector de Chamartín de la Rosa, al mismo que pertenecieron Ana López, Elena Gil, Luisa Rodríguez y Martina Barroso. Con 18 años ingresó en Ventas el 6 de junio de 1939. Su hermano Gregorio fue ejecutado el 18 de mayo de 1939 y su otro hermano, Juan, falleció en comisaría a consecuencia de  las brutales palizas que le fueron propinadas.

Antonia Torres Llera, 19 años

No podemos olvidar que hubo una 14 fusilada posteriormente. Antonia era una trabajadora en una fábrica de sobres y nacida en Madrid. Militante Comunista, ingresó en la JSU en octubre de 1936. Fue parte del grupo de Chamartín de la Rosa y fue condenada a muerte el 5 de agosto de 1939. Sin embargo, su funesto destino, se pospuso a causa de un error mecanográfico: figuraba como Antonio Torres Llera y se quisieron cerciorar de que fusilaban a la persona acusada. Su fusilamiento fue aplazado hasta el 19 de febrero de 1940.

 

El siguiente documental de Javier Larrauri recoge los testimonios en primera persona de las compañeras prisioneras de Las Trece Rosas, así como detalla lo que era ser mujer y republicana en un tiempo tan convulso en la historia del pais.

 

 

 

Su recuerdo permanece vivo en los ciudadanos afanados en descifrar los hechos acaecidos durante la Guerra Civil y el régimen fascista y represor padecido en España. No siempre fue así, ya que durante la dictadura apenas se comentaba, de no ser entre los exiliados políticos, que mantuvieron latente el carácter mítico de la desgarradora fortuna de las jóvenes. Fascinante y cruento suceso que continua suscitando interés en gran medida debido a su sobrecogedor dramatismo, al impacto que supuso en la sociedad española y la comunidad internacional de su tiempo  la implacabilidad del régimen franquista. El empecinado mecanismo represor del franquismo carecía de fisura, no titubeó ni cedió a la presión social tras conocerse la condena a muerte de las jóvenes reas, aunque 7 de ellas no hubieran alcanzado la mayoría de edad, establecida en 21 años por el propio gobierno de Franco. Se trató de una ejecución masiva, en la cual  se les arrebataría la vida a otros 43 camaradas, todos ellos miembros de la JSU o el PCE. Semejante ejecución, con ensañamiento y ánimo ejemplarizante, pretendía acallar cualquier posterior subversión al régimen. El largo brazo del franquismo y ansia exterminadora, no se achicaría en su inquebrantable voluntad de exterminar cualquier atisbo de oposición.

El exterminio del enemigo constituyó uno de los fundamentales objetivos del holocausto español y el hecho de firmar sentencias de muerte destinadas a menores por primera vez quedaba justificado, pues el gobierno de Franco consideraba que, una persona menor de 16 años no era responsable de ser simpatizante o activista republicano, con la salvedad de que hubiera matado a alguien.

Este suceso fue fruto de un odio acérrimo, así como de una inconmensurable sed de venganza por la muerte de uno de sus secuaces. Isaac Gabaldón, comandante de la Guardia Civil y miembro del Servicio de Información y Policía Militar (SIMP) del Ejército del Centro (Madrid) fue asesinado la noche del 29 de julio del 39, junto con su hija de 17 años y su chófer, José Luis Diaz Madrigal de 23, unos días antes de que se ejecutara a las Trece Rosas y Los 43 Claveles.

La muerte de Gabaldón desencadenó en la detención del “Grupo de los Audaces” compuesto por Francisco Rivades Cosials (secretario del PCE) Damián García Mayoral y Saturnino Santamaría Linacero como autores materiales, a los dos días de morir Gabaldón. Posteriormente detuvieron a Severino Rodriguez Preciado (secretario de la JSU en Madrid) que bajo tortura acabaría delatando a sus compañeros, así como a José Pena Brea, de 21 años que continuaría con la delación. Siendo capitan de Artilleria del SIPM (Servicio de Información y Política Militar) Manuel Gutiérrez Mellado,bajo tortura, los miembros de la JSU y el PCE, facilitaron nombres de compañeros que engrosarían la lista de ajusticiados hasta elevarla a 56 personas. Las lindezas a las que sometieron a los detenidos fueron muy similares a las empleadas posteriormente por los nazis en Alemania y consistían en desnudar a los reos y lanzar agua helada en pleno invierno, arrancar las unas de cuajo con ayuda de alicates y la ingesta forzada de grandes cantidades de aceite de ricino. La aplicación de corriente eléctrica en los ojos, oídos o genitales eran práctica común. Huelga decir que muchas mujeres sufrirían reiteradas violaciones y otras vejaciones de índole sexual. Gutiérrez Mellado, que tomó parte de manera activa en el golpe militar del 18 de julio, miembro de Falange y siniestro personaje del regimen franquista, con mucha probabilidad llegó a presenciar la ejecución de las 13 chicas y sus 43 compañeros. Pero el avieso y camaleónico Gutiérrez Mellado, con su extraordinaria capacidad de adaptación e influencias, tras la muerte de Franco llegó a ser nombrado Jefe del Estado Mayor Central del Ejército de Tierra con la intervención de Juan Carlos, para posteriormente ostentar el cargo de Vicepresidente del Gobierno y Ministro de Defensa durante la Transición con el gobierno de Adolfo Suárez.

En las primeras horas del 5 de agosto de 1939 fueron desplazados los 43 hombres al Cementerio del Este, donde fueron pasados por las armas. Al alba, Las 13 Rosas salieron de la prisión de Ventas, escoltadas por la Guardia Civil, conocedoras de su destino pero algunas con la última ilusión de reunirse con sus compañeros sentimentales. Ni ese último deseo les fue concedido, pues los hombres habían sido fusilados con anterioridad. Con entereza y las cabezas bien altas, les arrebataron la vida a unas chiquillas cuyo crimen había sido la consecución de la libertad. 14 Rosas y 43 Claveles, 57 vidas sesgadas por la barbarie.