Mujeres Libres: La Publicacion

La edición y publicación en formato pasquín de Mujeres Libres, especialmente dirigido a la mujer trabajadora, se proponía despertar la conciencia femenina hacia las ideas libertarias que promulgaba el movimiento. El hecho de proponer y perseguir la emancipación debía ser acompañado de una publicación en soporte de papel, con un costo de producción tan reducido como fuera posible ya que la financiación, tanto de la revista como de la organización Mujeres Libres, no recibía apoyo económico de ninguna organización política  o cualquier otro organismo politizado o de índole institucional que amenazara su independencia. La financiación de Mujeres Libres procedía de las aportaciones gratuitas realizadas por las mujeres que la componían y su participación voluntaria en la redacción y administración de la revista.  Se entiende que, actuando en consecuencia con sus valores por preservar su independencia, imprescindible para acometer la emancipación femenina desde la particularidad inherente al género, cualquier privilegio económico del que pudieran ser depositarias y supusiera un detrimento o menoscabo de su discurso independiente sería rechazado. No obstante, esto no era óbice para que solicitaran apoyo financiero y logístico a las distintas organizaciones libertarias que, en gran medida colmarían los requerimientos de Mujeres Libres. La propia Lucía Sánchez Saornil requirió la colaboración de Diego Abad de Santillán, miembro del consejo editorial de la publicación anarquista Tiempos Nuevos y del comité regional de la CNT, para que los contactos de este facilitaran la distribución de la nueva publicación femenina.

Portada del num.1 de Mujeres Libres

Portada del num.1 de Mujeres Libres

Ligera y cómoda de transportar y disponible en sindicatos, ateneos, grupos de las Juventudes Mujeres Libres alcanzó su objetivo de llegar a la mujer obrera, tanto si esa mujer se encontraba en un entorno rural, una gran ciudad, fábricas o talleres.  Esto quedó patente con las cartas enviadas a la redacción y remitidas por fervientes lectoras, revelando  su exigua formación académica en misivas plagadas de errores gramaticales y ortográficos. Pero este era precisamente el perfil de mujer a la que querían llegar, como enunciaban en su primera editorial “encauzar la acción social de la mujer, dándole una visión nueva de las cosas” Eso sí, nunca llegarían a definirse como una publicación anarquista, pues tal denominación hubiera suscitado recelo entre las potenciales lectoras, proclives a recelar de cualquier actividad de índole política.El nacimiento de la revista fue posible gracias a la iniciativa Lucía Sánchez Saornil, Mercedes Comaposada y Amparo Poch I Gascon quienes, para promover y publicitar su nuevo trabajo, remitieron anuncios dirigidos a sindicatos, ateneos y grupos de las Juventudes desde abril de 1936. Con gran esfuerzo y tesón, el 20 de mayo de 1936 se lanzó el primer numero de Mujeres Libres, teniendo tal acogida que llego a agotarse. El primer número contenía un editorial de presentación un tanto controvertida “el propósito es encauzar la acción social de la mujer, dotándola de una visión diferente de las cosas, evitando que su sensibilidad y cerebro se contaminen de errores masculinos. Entendiendo como errores masculinos todos los conceptos actuales de relación y convivencia, rechazando toda responsabilidad en el devenir histórico del que la mujer nunca ha sido parte actora, si no testigo obligado e inerme”  La definición de los elementos tanto femeninos como masculinos es ahogada por los estereotipos de siempre, describiendo estas características con los manidos prejuicios del que deberían haberse liberado en su discurso y no llegando incluso a enunciar que “el exceso de audacia, de rudeza, de inflexibilidad como virtudes exclusivamente masculinas que han dado a la vida un sentido feroz”

Mercedes Comaposada

Mercedes Comaposada

Como contrapartida, abogan en esta declaración de principios que fue el primer número de su revista ” por la compenetración de intereses, fusión de ansiedades, afán de cordialidad en la búsqueda del destino en común” El fin último de la organización, del movimiento anarquista y femenino que habían gestado era el “humanismo integral” que seria obtenido mediante el equilibrio entre los elementos masculinos y femeninos en la sociedad, humanismo que integrara clases y géneros y los encauzara hacia la emancipación y libertad de la que ambos sexos eran legítimos merecedores. Como cierre de este editorial, Mujeres Libres declaraba abiertamente su ideología libertaria, aduciendo que las pretensiones de la organización eran que la voz femenina fuera escuchada que “tratarían de evitar que la mujer, ayer sometida a la tiranía de la religión, caiga al abrir los ojos a vida plena, bajo otra tiranía no menos refinada y aun mas brutal: la política”  Mantienen que la política y cualquier forma de poder  corrompe y su muestra como alternativa es la estrategia de  acción directa “Mujeres Libres busca la recta infinita de la acción directa y libre de las multitudes y de los individuos. Hay que edificar la vida nueva mediante procedimientos nuevos” tal como publicarían en el no 7 de la revista.

El primer ejemplar de Mujeres Libres recogía entre sus páginas una carta de Emma Goldman, quien contrajo matrimonio a fin de obtener la nacionalidad británica con Jim Colton, minero en Gales, sobre el movimiento anarquista en el contexto de la marcha contra el desempleo que se llevó a cabo en 1927 y que fue precedida por la huelga general en Gran Bretaña en 1926.

Emma Goldman

Emma Goldman

Semejante depresión económica y un número de desempleados tan elevado, desmoralizados por la falta de expectativas de un futuro mejor y espoleados contra el indefectible surgir del fascismo, que constituía  una amenaza real para  la clase obrera, condujo a cerca de 120 hombres al frente español, aunque este hecho tuvo lugar tras la publicación de la primera edición de Mujeres Libres.

Tambien albergaba comentarios políticos y culturales (una crítica de “Tiempos Modernos” de Chaplin) la invasión de Abisinia por parte de Italia, donde un pacto de no intervención entre Francia y Reino Unido, dio carta blanca a Benito Mussolini, así como un artículo sobre la  ley como enemigo y pertinaz subordinador de la mujer. Tenido en cuenta el énfasis de la organización depositado en la educación, no podía faltar una discusión de las teorías educativas de Pestalozzi,  que se centraban en el alumno valorando las diferencias individuales y la percepción de cada persona. Lucía Sánchez Saornil aportó un artículo sobre la vida cotidiana de los campesinos en Castilla para aproximar a la lectora urbana hacia la realidad de la vida femenina en el entorno rural que le era ajeno y desconocido. Hubo lugar para temas” femeninos” así como para la necesidad de unos niveles mínimos de higiene y comodidad en el hogar, instando a las lectoras a mantener sus cocinas limpias, recordándoles la necesidad de higiene personal diaria, de un inodoro e incluso de una instalación de calefacción que hiciera el hogar más cómodo, poco menos que un lujo reservado a muy pocos en aquella época. Un artículo dedicado a los cuidados del recién nacido fue el aporte de Amparo Poch i Gascón para completar la revista.

El 15 de junio de 1936 se lanzaría el segundo número, con una periocidad mensual y un total de 14 ediciones hasta que, tras el estallido de la guerra, se verían forzadas al cese de su actividad en 1939. Durante su breve periplo contarían con numerosas colaboraciones entre sus páginas como las de Lola Iturbe, Pepita Carpena y Sara Berenguer, Conchita Guillen y Soledad Estorach entre otras.

Soledad Estorach

Soledad Estorach

Lograron cumplir sus principales objetivos y llegar a la mujer obrera sin importar el entorno en que habitara, utilizando un lenguaje accesible para la mujer con escasa formación y mediante un tono respetuoso, no moralizante ni crítico con la escasa participación femenina en el movimiento pero tampoco con el aire de condescendencia empleado en las revistas femeninas. Obtuvieron críticas y menciones de Acracia (publicación de la CNT de Lérida) y el boletín de la CNT-FAI encomendaba a sus lectores a mostrar su apoyo a Mujeres Libres. Sin embargo, el reconocimiento que ellas esperaban de sus compañeros nunca acabaría por manifestarse, poniendo de relieve el desinterés de la mayoría de las publicaciones anarquistas y del movimiento en el sentido mas amplio. Llegaron a tener que pagar de su bolsillo los anuncios de Mujeres Libres publicados en Solidaridad Obrera. El hecho de haber alcanzado parcialmente sus objetivos,  no trajo consigo el reconocimiento del sector anarquista masculino, siendo esta falta de consideración de sus compañeros lo que afligiría a Mujeres Libres durante su breve pero intensa andadura. El sueño emancipador y libertario  de Mujeres Libres despertaría abruptamente con el comienzo de la Guerra Civil. Sus ideales libertarios serían sesgados por la cruda realidad del conflicto bélico y la revista adoptaría un giro centrado en la importancia del papel femenino en la contienda como soporte de las milicias en labores de abastecimiento, ocupación por las mujeres de los puestos típicamente masculinos, elaboración de artillería, lavandería…  Pero al final de la Guerra se vieron obligadas a exiliarse, no había lugar para ellas en la nueva España de Franco.  Amparo Poch i Gascón marchó a Francia, igual que Pepita Carpena, Lucía Sánchez Saornil, Mercedes Comaposada… No obstante, algunas de ellas no perderían el contacto.

MUJERES LIBRES EN EL EXILIO

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Suceso Portales

Suceso Portales, que participó en la revista y fue Secretaria del Subcomité Nacional de Mujeres Libres en Valencia, se exilió en Londres, a bordo del “Galatea” y en la capital británica sería acogida en casa de Peggy Spencer durante algún tiempo, fue quien se puso en contacto con sus compañeras para emprender la labor que se vio interrumpida por la Guerra y lanzar la modesta publicación Mujeres Libres en el Exilio.

El primer número saldría a la venta el 1 de noviembre de 1965 en Londres, se editaría mensualmente en tres idiomas: español, inglés y francés, disponible en el mercado Europeo y América Latina. Posteriormente, cuando Suceso se mudó a vivir cerca de su compañera Sara Berenguer en Montady (Francia) la revista pasaría a publicarse en esa localidad en el año 1972. Sufragaron y publicaron Mujeres Libres en el Exilio desde 1965 hasta 1976. Los 47 números de la publicacion serían completamente autofinanciados, contando entre sus colaboradores con Lola Iturbe, Aureliano Lobo ( escultor y pareja de Mercedes Comaposada) Pepita Gracia Estruch, que además ejerció de tesorera de la revista, Tomás Cano y Juanita Nadal entre ellos. El último número de Mujeres Libres en el Exilio se editó en Montady en diciembre de 1976.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Mujeres Libres, más que feminismo.

Durante los primeros años del pasado siglo, anarquistas españoles, hombres y mujeres, estructuraron una visión no jerarquizada, comunitaria de una sociedad en la cual mujeres y hombres podrían participar de manera igualitaria. Incluso, antes de comenzar la Guerra Civil española, la mayoría de las mujeres estaban más bien lejos de soñar con emprender en igualdad  la lucha por alcanzar los citados ideales. Sin embargo, el organizado movimiento anarco-sindicalista (CNT) se concentró primordialmente en la lucha dentro del campo laboral, mientras la mayoría de las mujeres no eran asalariadas con acceso al sindicato, pues su campo de acción se fundamentaba en la industria. Muchas de las que estaban ejerciendo un trabajo pagado, la mayoría en la industria textil, trabajaban en casa, con un salario según producción y no estaban sindicadas. Las que trabajaban y tenían familias continuaron ejerciendo su doble trabajo como esposas y madres. Las características formas en que la opresión femenina se manifestaba en España, mantuvieron a la mujer eficazmente subordinada al hombre, manifestándose  incluso en el ámbito del movimiento revolucionario anarquista.

Revista editada por Mujeres Libres

En este contexto, cierto número de mujeres anarquistas infirieron que si las mujeres deseaban tomar parte activa en la lucha social revolucionaria, precisarían de una determinada preparación, basada en dispensar una atención enfatizada a la subordinación y  experiencia vital particular de cada individuo. En mayo de 1936, un grupo de mujeres anarquistas fundaron Mujeres Libres, la primera organización de índole feminista, autónoma y proletaria en España, centrada en derrotar la triple esclavitud femenina: la ignorancia, el capital y el hombre. Aunque algunas de sus fundadoras eran mujeres profesionales, formadas académicamente, la mayoría de sus miembros, aproximadamente unas 20.000 en julio de  1936, eran mujeres de clase obrera. Mujeres Libres y sus seguidoras, se pusieron como fin superar las barreras de  la ignorancia e inexperiencia, que dificultaban muy mucho la participación femenina como iguales en la lucha por una sociedad mejor, así como sesgar el dominio masculino dentro del propio movimiento anarquista.

 

 

CONTEXTO

Casi la absoluta totalidad de  los anarquistas objetaron la separación de la lucha y se manifestaron abiertamente en contra a la creación de un nuevo órgano para  las mujeres apelando al compromiso de la acción directa y la igualdad. Mujeres Libres defendía la emancipación en base a una diferente interpretación de un compromiso común. Las dificultades con las que se encontraron dentro del movimiento anarquista ponen de relieve tanto  el problemático papel de la mujer en los movimientos revolucionarios como la complejidad de tener en cuenta las experiencias de la mujer en el proceso de estructurar  y  construir  una nueva sociedad.

Los anarquistas estaban comprometidos a la igualdad. Igualdad significa que las experiencias de un grupo no se pueden tomar como norma para todos y, por ende, en una sociedad completamente igualitaria no hay lugar para  instituciones a través de las cuales algunos individuos ejerzan poder social, económico o político sobre otros. Semejante sociedad anarquista, logra la coordinación entre sus individuos a través de lo que se llama “orden espontáneo”: la gente se une voluntariamente para conseguir necesidades definidas mutuamente  y coordinar actividades a larga escala a través de la federación.

Mujeres Libres argumentó que a personas en cuyas circunstancias vitales se les denegaba el control y se mantenían subordinadas, no podrían fácilmente transformarse en individuos dotados de  confianza en sí mismos e  iniciativa propia, características muy relevantes en una revolución social. En el proceso de transformación personal se necesitaba una “preparación”, que no sería jerárquica y únicamente podía producirse a través de la experiencia del individuo en nuevas y diferentes formas de organización social. El movimiento anarquista español intentó proporcionar estas experiencias mediante la participación directa en actividades y huelgas e impartiendo conocimiento educativo en lugares más informales, como el caso de los Ateneos. Así la gente podría prepararse para mayores transformaciones revolucionarias. Para que fuera efectivo, sin embargo, tal preparación debería modularse acorde a las diferentes experiencias vitales de aquellos cuyas necesidades intentaba solventar.

En la España de la Guerra Civil, la mujer constituía un grupo especial, con sus propias necesidades particulares. Su subordinación, tanto económica como cultural era mucho más grave que la padecida por los hombres. Las tasas de analfabetismo eran significativamente superiores entre ellas. Mujeres y hombres vivían casi completamente separados, se puede decir incluso, que  había una sociedad distinta para cada género, los hombres llegaban incluso  a avergonzarse si otro les veía en compañía de una mujer.

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A pesar de ello, el movimiento anarquista en general fue reticente a  reconocer tanto lo específico de la opresión femenina como la legitimidad de una lucha separada para superarlo. Sólo Mujeres Libres articuló activamente un discurso que reconocía y abordaba la particularidad de la experiencia vital femenina.

Aunque comprometidos a la creación de  una sociedad igualitaria, los anarquistas españoles tomaron una controvertida postura hacia el asunto de la subordinación femenina. Algunos defendían que dicho  sometimiento tenía su origen en la división del trabajo según el sexo, en la “domesticación” de la mujer y la consecuente exclusión del ámbito laboral asalariado. Para superarlo, las mujeres deberían unirse al mundo laboral como trabajadoras, junto con los hombres, y luchar en los sindicatos para mejorar la posición de todos los trabajadores. Otros subrayaron que la subordinación era producto de un amplio fenómeno cultural  y reflejaba la subestimación femenina  y  de sus actividades a través de instituciones tales como la familia y la iglesia. Esa infravaloración debería ser superada, junto con las citadas instituciones, con el establecimiento de una sociedad anarquista.

Pero el sometimiento de la mujer fue como mucho una preocupación secundaria del movimiento anarquista en su totalidad. Mayormente, los anarquistas, se negaban a reconocer la singularidad de la subordinación femenina, y pocos hombres estaban dispuestos a ceder el poder sobre las mujeres del que disfrutaban desde hacia tanto tiempo. Como el secretario nacional de la CNT escribió en 1935, en respuesta a una serie de artículos que trataban sobre la cuestión femenina: “Sabemos que es más placentero dar órdenes que obedecer… Entre la mujer y el hombre se da el mismo caso. El hombre se siente más satisfecho teniendo un sirviente que le haga la comida, lave sus ropas… Esa es la realidad  y, enfrentarse a eso, pedirle al hombre que ceda sus privilegios, es soñar.”

Federica Montseny

Federica Montseny

 

Algunos, posiblemente representando a  la mayoría dentro del movimiento, negaban que la mujer estuviera oprimida en una manera que precisara una atención particular. Federica Montseny, por ejemplo, declaró que “la emancipación de la mujer era un problema específico del tiempo actual”. Hizo hincapié en que el objetivo más realista y acertado no era el acceso de la mujer a puestos actualmente ocupados por hombre, si no la reestructuración de la sociedad que liberase a todos.

 

En resumidas cuentas, a pesar de que algunos grupos dentro del movimiento anarquista reconocían la particular opresión femenina y el sexismo procedente de los hombres dentro del mismo movimiento, las organizaciones anarquistas de mayor peso en la sociedad, prestaron poco interés a los asuntos que preocupaban a la mujer y rechazaban la legitimidad de organizaciones separadas para abordar los citados asuntos. Aquellas mujeres conocedoras de la singularidad de la opresión femenina y  la necesidad de una lucha independiente para superarla, crearon una organización para ellas mismas: Mujeres Libres.

 

OBJETIVOS MUJERES LIBRES

La organización esgrimía la existencia de 3 factores de subordinación femenina:

  • Ignorancia  (analfabetismo)
  • Explotación económica
  • Subordinación al hombre

 

A pesar de que los programas oficiales emitidos por Mujeres Libres no plantearon preferencias entre estos tres factores, la mayoría de las actividades de la organización se concentraron en la ignorancia y explotación económica. En un revelador resumen de sus artículos sobre “la cuestión femenina” en Solidaridad Obrera en 1935, Lucia Sánchez Saornil, una de las fundadoras de Mujeres Libres, explicaba ” Casi seguramente, creo que la única solución a los problemas sexuales de la mujer se encuentra en encontrar una solución al problema económico”

El programa de Mujeres Libres depositaba casi todo su esfuerzo en su atención a la “ignorancia” pues creían que afectaba a la subordinación femenina en cada esfera de la vida. Dispusieron una ambiciosa campaña de alfabetización para asentar las bases necesarias para culturizar a la mujer. La alfabetización posibilitaría que las mujeres entendieran mejor la sociedad y su lugar en ésta y luchar para mejorarla. Establecieron 3 niveles: uno para analfabetas, otro para las que se defendían con la lectura y un último para las que eran capaces de leer pero  “deseaban sumergirse en asuntos un poco más complejos”  No equiparaban el analfabetismo a carencia de entendimiento de la realidad social; más bien, sostenían que la vergüenza sobre su pasado cultural e retenía a muchas de adquirir un compromiso en la lucha activa para la revolución. La alfabetización se convirtió en una herramienta de crecimiento y desarrollo para superar la falta de autoestima y confianza en ellas mismas, así como para facilitar una plena participación en sociedad.

Sede Mujeres Libres en Sants

Sede Mujeres Libres en Sants

Para aniquilar las raíces de la subordinación en la dependencia económica, Mujeres Libres desarrolló un exhaustivo plan de empleo concentrándose en la educación. Las organizadoras esgrimían que la dependencia femenina era el resultado de una radical división sexual del trabajo que las relegaba a los puestos peor pagados, en las más precarias condiciones. Acogieron con brazos abiertos el movimiento nacido con la guerra que instaba a la mujer a salir de casa y unirse a la fuerza laboral asalariada, demostraron su esperanza de que la incorporación de la mujer al trabajo pagado resultara permanente y contribuyera a la independencia económica de las españolas.

 

Mediante su programa laboral, abordaron los problemas específicos a los que se enfrentaban las obreras e intentaron prepararlas para que ocuparan su lugar como iguales en la producción. Junto con los sindicatos de la CNT, patrocinaron y organizaron apoyo, instrucción y programas de aprendizaje para las que iban a comenzar a trabajar a cambio de un sueldo. Cabe añadir, que defendieron, establecieron y apoyaron servicios de guardería, tanto en vecindades como en fábricas, para permitir a las mujeres ir a trabajar. Y pelearon por la igualdad de sueldos entre hombres y mujeres.

No obstante depositaron poca atención a la división sexual en el trabajo en sí misma. Tampoco exploraron las consecuencias de igualdad sexual nacidas de la definición de algunos trabajos como trabajos típicamente femeninos o trabajos típicamente masculinos. Estudios feministas más recientes han examinado la relación entre monogamia, parto y crianza con la participación laboral y han señalado la implicación de estas relaciones directamente con la subordinación femenina. Ni Mujeres Libres, ni ninguna otra organización feminista o anarquista en la España de entonces, llegó a cuestionarse siquiera que  la crianza y faenas domésticas seguirían recayendo en la mujer, se trataba de una particularidad inherente al sexo femenino que era mayormente aceptada.

De hecho, la actitud de la subordinación cultural femenina en una sociedad patriarcal tomada por Mujeres Libres, se llegó a caracterizar por su ambivalencia. Algunas dentro de la organización alegaron que la moralidad burguesa trataba a la mujer como una propiedad. Amparo Poch y Gascón, que fue una de las fundadoras de Mujeres Libres, criticó tanto la monogamia como la premisa de que los matrimonios podían ser “contratos para siempre” Defendió que ni el matrimonio ni la familia deberían negar la posibilidad de “cultivar fuera de estos…otros amores” declaración que sería interpretada capciosamente en lo sucesivo. Su rechazo al matrimonio y la monogamia no fue muy bien acogida por la mayoría de sus compañeras, aun así la organización denunció los modos extremos de dominación masculina en la familia. Por ejemplo, Lucia Sánchez Saornil, no secundaba la definición social de la mujer como mera madre y defendía que la definición social maternal contribuyó  a que la subordinación de la mujer continuara “El concepto de madre es tan absorbente que la función esta aniquilando al individuo” De hecho, dentro de su programa, el aborto a demanda y el control de la natalidad ocuparon un lugar muy destacado, constituyendo una base en pro de la liberación femenina.

Lucía Sánchez Saornil

Lucía Sánchez Saornil

Otras manifestaciones de subordinación “cultural” generaron menos debate entre Mujeres Libres, tal es el caso de la prostitución, que mostraba muy claramente la relación entre economía y subordinación sexual. Fomentaba la degradación tanto de las mujeres que la ejercían así como de la sexualidad en términos generales. Idealmente, el sexo no sebe ser visto como un artículo de mercancía; lo mismo mujeres que hombres deberían ser capaces de disfrutar su sexualidad completa y libremente.

Este análisis fue el germen de una de sus mas revolucionarias ideas: un plan (en realidad nunca ejecutado a causa de las restricciones de la guerra) para crear “liberatorios de prostitución” centros en los que, ex­­­-prostitutas encontraran apoyo mientras se “retiraban” en pos de una vida mejor. Su esperanza de que la revolución social cambiaría radicalmente el concepto de trabajo pagado (incluyendo el realizado en fábricas) subrayaba la máxima de que el trabajo “productivo” era de hecho menos denigrante que el mercadeo sexual. La organización expidió llamamientos para que los hombres no frecuentaran prostitutas e hicieron énfasis en que, de continuar perpetuaría los mismos patrones de explotación a los que supuestamente se habían comprometido en combatir.

La sanidad fue otro de los asuntos en los que concentraron sus fuerzas. Instruyeron enfermeras para que trabajaran en hospitales y sustituyeran a las monjas, que previamente mantuvieron el monopolio en enfermería. Se lanzaron ambiciosos planes de higiene y educación en maternidades de hospitales, especialmente en Barcelona y se propusieron derrotar el desconocimiento femenino de su propia sexualidad, ignorancia que era percibida como otra fuente de subordinación sexual. Amparo Poch y Gascón, denunció que el desconocimiento sobre las funciones corporales y la contracepción  eran un impedimento más en la consecución del placer sexual femenino. Acompañó su alegato demandando mayor tolerancia en esta área ya que la represión sexual de la mujer consistía  en sí mismo otro medio de dominación de los hombres.

Amparo Poch i Gascón

Amparo Poch i Gascón

Los planes educativos para superar la subordinación cultural se extendían tanto a la infancia como a la mujer adulta. Mujeres Libres financió cursos de crianza para madres para exhortarlas a preparar a sus hijos a la vida en la futura sociedad libertaria. Desarrollaron nuevas formas de educación para niños, diseñadas para desafiar los valores burgueses y patriarcales y capacitarles para que desarrollaran un espíritu crítico propio. Finalmente, contribuyeron al desarrollo de una nueva clase de profesores y currículo, así como nuevas, no jerarquizadas estructuras para la enseñanza y aprendizaje.

Mujeres Libres no sólo intentó ganar poder para la mujer, si no que también supuso un desafío  constante para los  anarquistas. Su existencia les recordaba la necesidad de superar la dominancia masculina dentro del movimiento. La mayoría de las actividades de Mujeres Libres estaban dirigidas principalmente a ellas. Pero se enfrentaron individualmente al hombre anarquista y al movimiento anarquista organizado en múltiples ocasiones. MujeresLibres trató de espolear a hombres y mujeres a reconocer la legitimidad así como la importancia de asuntos especialmente concernientes a  las mujeres. La sola existencia de la organización es una muestra del potencial del poder autónomo de la mujer. El grado de oposición emergente dentro del movimiento anarquista sugiere que al menos algunos miembros de la CNT se tomaron ese poder potencial muy seriamente. El programa y experiencia de Mujeres Libres apoya la afirmación de que la lógica y práctica de la acción directa puede necesitar una “agrupación separada de fuerzas” Como hemos visto, las mujeres de Mujeres Libres se autodefinió no como un grupo de mujeres que luchaban contra el hombre, si no como una organización que podía dividirse en muchos grupos potenciales participando en una vasta coalición por el cambio social. El número 1 de la revista MujeresLibres manifestaba su abierto rechazo al feminismo contemporáneo, al calificarlo de un movimiento burgués cuyos objetivos se limitaban a ganar el sufragio femenino. “Esto es ya más que feminismo. Feminismo y masculinismo son dos términos de una sola proporción; (…) la expresión exacta: humanismo integral” Añadiendo “El feminismo lo mató la guerra dando a la mujer más de lo que pedía al arrojarla brutalmente a una forzada sustitución masculina. Feminismo que buscaba su expresión fuera de lo femenino, tratando de asimilarse virtudes y valores extraños no nos interesa; es otro feminismo, más sustantivo, de dentro a afuera, expresión de un modo, de una naturaleza, de un complejo diverso frente al complejo y la expresión y la naturaleza masculinos”.

La revolución requiere para su desarrollo la alianza de hombres y mujeres, debe tratarse de una coalición igualitaria; de lo contrario no hay garantía de que la propia revolución sea equitativa.  Como han declarado recientes movimientos feministas, hay que identificar y diferenciar los contextos en los que se desarrolla la actividad de la organización revolucionaria, tales como la clase social, procedencia étnica y identidad cultural. No se puede actuar por otros sin tener en cuenta estos factores de peso dentro del activismo revolucionario. Mujeres Libres persiguió infatigablemente que la unidad fuera  posible.  Según su interpretación de la tradición anarquista, depositaron especial interés  en que la estrategia para alcanzar la citada unidad requiere reconocer la diversidad.

 

feministas 1978

La creación de Mujeres Libres únicamente se puede comprender desde el anarquismo, sólo en el seno de esta corriente ideológica, liberada de jerarquía podría darse el caldo de cultivo para una revolución feminista que promovió las bases del feminismo de segunda generación en los años 70. Tan revolucionario y vanguardista, este germen del anarco-feminismo esta indefectiblemente ligado a la corriente feminista surgido a finales de la segunda mitad del pasado siglo. No obstante, una de principales características divergentes la encontramos es el academicismo imperativo en el feminismo de segunda generación. Este academicismo se traduce en un obstáculo a superar por la mujer de clase obrera, que al carecer de recursos y formación superior, no hallar la inclusión del individuo acorde a sus circunstancias, tal y como promulga el anarquismo, se ve de desplazada y postergada de la causa feminista, surgiendo así la ruptura entre ambas corrientes que tienden a ser complementarias para alcanzar un fin común.

 

 

 

 

Referencias

 

  • Mujeres Libres: El anarquismo y la lucha por la emancipación de las mujeres. VIRUS editorial. Barcelona, 2006 (tercera edición). ISBN 84-88455-66-6. ISBN 978-84-88455-66-6
  • Mujeres Libres: España 1936-1939. Selección y prólogo de Mary Nash. Tusquets. Barcelona, 1976. ISBN 84-7223-704-4
  • Liaño Gil, Conchita. Mujeres Libres. Luchadoras libertarias. Fundación Anselmo Lorenzo. ISBN 84-86864-33-X